Me duele el alma, me ha dolido desde el momento en que intenté entender y no lo conseguí.
Entender el por qué, entender los motivos invisibles tanto para el que habla como para el que escucha.
Estoy sentada y de nuevo contemplo la pantalla varios minutos seguidos sin hallar respuestas. Da igual hacia donde mire, quien esté hablando... Da igual.
Esto ya se está convirtiendo en una lucha absurda, una lucha que no llega a ninguna parte.
Parto siempre del criterio y el respeto; para saber hablar de algo con razonamiento antes debes saber de que estás hablando, utilizar la subjetividad sí, pero también la objetividad.
Jamás me gustó tirar la toalla y no la tiraré, pero ya no intentaré entender nada, dejaré de hacerme preguntas.
Quien no quiera abrir los ojos no podrá esperar más que golpes en esta vida, no se puede andar cegado por el mundo.
Me faltarán segundos y me sobrarán explicaciones.
Soy feliz con mi gente, con los que se paran a conocer y si alguna vez deciden juzgar, haganlo con el corazón y con la cabeza.
No quiero más.